Por Luis H. Clavel

31/08/2020

Movimiento Chilenos de Corazón y mienbros de SInergia Democrática

A propósito de la irrupción de regreso en la política de Pablo Longueira, me acordé de un viejo dicho, “morir con las botas puestas”, que significa asumir una situación de alto riesgo con mucha determinación y valentía.

Circulan videos de Longueira rechazando una Asamblea Constituyente y un cambio Constitucional en el pasado (“tu pasado te condena”). Son de la época en que era político en actividad y no un político (R).

Pero Longueira, al regresar, dice exactamente lo contrario. Al optar por la opción APRUEBO, indica claramente que ahora cree en el cambio Constitucional y en la Convención Constituyente (que es lo mismo que la Asamblea Constituyente). Es como aquellos soldados, que, en la Guerra Civil de 1891, se pasaban al bando contrario, lo que permitió acuñar en Chile el dicho “darse vuelta la chaqueta”.

Si Longueira fuera de profundas convicciones, debiera haber defendido la opción RECHAZO, ya que es la única que significa la defensa de la Constitución actual y la no aceptación de cambio por vía de una Asamblea Constituyente.

Pero Longueira, prefirió “darse vuelta la chaqueta” y para ello, como si fuéramos una tropa de ignorantes, nos trata de convencer de que mejor “nos demos vuelta, todos, la chaqueta” y apoyemos el APRUEBO, porque así todo será menos traumático. Después elucubra sobre que una vez que gane esa opción, entonces podríamos juntos no trabajar sobre “una hoja en blanco” (cuando nuestros adversarios justamente dicen que lo van a hacer).

Supone que lograremos concitar un porcentaje del 66% de personas de sentido común y patriotas, para integrar la Convención Constitucional y con ello asegurar que en la nueva Carta Magna se respete y se resguarde debidamente nuestro pensamiento y concepción en relación al Estado, las Instituciones, la Familia, los privados, etc.

 Ojalá eso pudiera lograrse, pero se le olvida a Longueira, que no hay certeza de ello y que bastaría que su porcentaje no se alcance para que con 1/3 más uno, nuestros opositores puedan negarse a nuestras legítimas propuestas. Lo mismo ocurre en el otro sentido. Es decir, con ese mismo porcentaje (que es muy posible que obtengamos) nosotros podemos impedir que se incorpore en la Constitución aquello que a juicio de nuestro sector es inaceptable porque pone en riesgo la estabilidad económica y política.

 

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Entonces, Longueira tendría que reconocer que después de un proceso, al que él nos encamina abandonando sus convicciones, podríamos terminar con una Constitución que contenga sólo articulados generales de consenso, pero que la gran mayoría, actualmente bien definidos en el texto vigente, no queden incluidos, lo que nos llevaría a que esos sean a futuro legislados en el Congreso según las mayorías cambiantes (lo que es de alto riesgo para la estabilidad).

 

Longueira no dice nada de como prevenir aquello. Es decir, si fuera un Estratega, yo le diría que le faltó analizar todos los “cursos de acción” y confrontarlos con las “posibilidades” del adversario para finalmente seleccionar el mejor.

Si lo hubiera hecho, sin dudas, debiera haber concluido que el mejor “curso de acción” es el RECHAZO y en caso de perder esa batalla (que no es lo mismo que perder la guerra), estar preparados para la siguiente fase y tratar de lograr ese 66% que apresuradamente señaló como objetivo a alcanzar, sin dar la lucha en la primera batalla.

Es decir…Longueira está claro, no está dispuesto a “morir con las botas puestas”.